- Canto apropiado y conocido por el grupo
- Dime: ¡ven!
Si tu me dices “¡ven!” lo dejo todo,
no volveré siquiera la mirada
para mirar a la mujer amada…
Pero dímelo, de tal modo,
que tu voz, como toque de llamada,
vibre hasta el más íntimo recodo
del ser, levante el alma de su lodo
y hiera el corazón como una espada.
Si Tú me dices “¡Ven!”, todo lo dejo,
llegaré a tu santuario casi viejo
y al fulgor de la luz crepuscular;
mas he de compensarte mi retardo
difundiéndome, Oh Cristo, como un nardo
de perfume sutil ante tu altar.
(Antonio Nervo)
- Ven y sigueme
Te seguiré donde quiera que vayas.
Y cuando te fuiste solo al monte, a orar,
yo dije: ¡qué aburrido!, es de noche, tengo sueño
y además hay un buen programa en la tele.
Y cuando te fuiste al huerto a sudar sangre
yo me puese a temblar y dí la vuelta:
eso sí que no, yo no valgo para enfrentarme
al dolor, es superior a mis fuerzas.
Te seguiré donde quiera que vayas.
Y cuando cargaste la cruz a tus espaldas
yo la vi pesada y no puedo cargar pesos,
tengo la piel fina y delicada.
Y cuando tú dijiste que era estrecho el sendero
y escarpado, yo leía que la comodidad
y la facilidad eran los valores hoy en alza.
Te seguiré donde quieras que vayas.
Y cuanto te clavaron las manos y los pies
alguien me susurró al oído: libres, mejor libres,
en este tiempo no hay esclavos, eso no se lleva.
Y cuando afirmaste que tu comida era
hacer la voluntad del Padre
yo recordé el restaurante de la plaza
donde se come muy bien.
Te seguiré donde quieras que vayas.
Y cuando me pedías: véndelo, déjalo todo,
me pareció imposible, de la noche a la mañana,
desprenderme de tantas cosas buenas.
Y cuando decías: el que encuentre su vida
la perderá, y el que pierda su vida
por mí, la encontrará, yo respondí
que no estaba para adivinanzas o acertijos.
Te fijaste en mí de nuevo. ¿Qué pasó?
"Ven y sígueme", insististe nuevamente.
Y esta vez dije que Sí:
Te seguiré donde quiera que vayas.
Y empecé a seguirte, ya lo ves.
(Grupo Herramientas Nueve)
- Texto bíblico: Dt 30, 15-20
- Tu Evangelio es terrible
Cristo,
he oído predicar tu Evangelio
a un sacerdote
que vivía el Evangelio.
Los pequeños, los pobres,
quedaron entusiasmados;
los grandes, los ricos,
salieron escandalizados,
y yo pensé que bastaría predicar
sólo un poco el Evangelio
para que los que frecuentan las iglesias
se alejaran de ellas
y para que los que no las frecuentan
las llenaran.
Yo pensé que era una mala señal
para un cristiano
el ser apreciado por la “gente bien”.
Haría falta - creo yo -
que nos señalaran con el dedo
tratándonos de locos y revolucionarios.
Haría falta - creo yo - que nos armasen líos,
que firmasen denuncias contra nosotros,
que intentaran quitarnos de en medio.
Esta tarde, Señor, tengo miedo,
tengo miedo porque sé
que tu Evangelio es terrible:
es fácil oírlo predicar,
es todavía fácil no escandalizarse de él,
pero vivirlo...
vivirlo es bien difícil.
(Michel Quoist.)
- Por las vocaciones
Señor Jesús,
Pastor de nuestras almas, que continúas
llamando con tu mirada de amor
a tantos y a tantas jóvenes
que viven en las dificultades del mundo de hoy:
abre su mente para oír entre tantas voces
que resuenan a su alrededor,
tu voz inconfundible, suave y potente,
que también repite hoy: "Ven y sígueme";
mueve el corazón de nuestra juventud
a la generosidad y hazla sensible
a las esperanzas de los hermanos que piden
solidaridad y paz, verdad y amor.
Llámalos con tu bondad, para atraerlos a ti.
Préndelos con tu dulzura, para acogerlos en ti.
Envíalos con tu verdad, para conservarlos en ti.
(Juan Pablo II)
- Padrenuestro
Preparado por Carlos Comendador Arquero |